LO QUE SOSTIENE




El gesto vuelca paciente su labor.
A sorbos,
              las manos beben del hilo.
Tejes,
         entre los pasos las venas
y un cuerpo.
Miras y dices,
                      resuena
lo que sostiene la arboladura.

Están los ventanales más altos
que tú
         y están entrecruzados
los nervios bajo la sombra,

entretejidos así.

Dices,
         tu dices lo que sostiene,
crees 
con la fuerza de ex-tenderlo
en blanco
               y lo habitas.

….................................

Vientos
           y el reposo en los brazos
adormeciéndose en alargados hilos,
lo que es recuerdo respira
y rueda en familia
entre aromas del bordado.

Convoca del ras al revés
y sube
a través de la inconsistencia.

No se extiende el polvo de las alas
ni su parsimonia desmenuzada en oros
más que con cuidados del desconocer
y dejar a solas lo más querido.

…..................................................

Alarga,
         alarga todo el fluir entre los dedos
adelgazándote
en la boca que dice,
no dejes de decir y atiende al hilo roto.

Miel en la negrura,
parece líquido eso que se escucha
y derrama.
Vas 
en lo que deshace piedra 
y sueño,
vas en vilo y vas al aire.

…..........................

Primero te elevo,
te saco 
entre la brecha y el barro,
Entro en la garganta,
con las manos
                arranco eso de sol
hundido en el bordado,
lo que cruje
               aún en la paciencia
y embebe 
            de asombro en el poema.

….................

Quietos 
         en lo que de este lado
tiene la distancia,
                  esto es, aquí,
así nosotros
en lo quieto de un instante.
                          Más allá
hay sol volcado hacia otro cuerpo
                         y otro,
y más cada vez.

Más allá,
pero no pensarlo,
ni entrar en el lugar de la espera
y la esperanza.

Se trata de un mínimo
acecho,
cuando te alcanza la dulzura
           y sonríe
un poco al crujir
          en lo limpio de la ropa.

Es interior el rumbo
y lleva la intimidad en secreto
cada vez un poco más allá,
hacia el volcado sol en otro.

La brecha o la distancia habitable


Suele ocurrir que el poema que nace más dudoso, desde la pura perplejidad, termina por hacerse camino y mapa de los que lo frecuentamos. Sus versos, cargados de silencios, terminan siendo nuestras proclamas a pesar de su precariedad y falta de certezas. “Y, sin embargo, ser no tiene vuelta de hoja…” decía Nicolás Valencia en uno de los pocos poemas que él mismo salvó de entre todos sus escritos, que en su mayoría destruyó y que en muy raras ocasiones quiso compartir. Él vivió “tentando los límites” de ser, apurando la fragilidad de la hoja, “insegura de raíz en el árbol”, asomado al vértigo que siempre termina por aparecer como un viaje mortal: “cuando caes, ya lo que era, es. / Entonces vuelta a empezar.” Comenzar la vida un día después de otro, “muriendo a cada paso”. “Deja que la mentira te ayude o / llámalo dios si así te parece.” Él, sin embargo, miraba la vida desde la desnudez, sin apenas ayudas. Inevitablemente tantas veces terminaba por huir, torcía una y otra esquina hacía sí mismo, dejándonos aquella ráfaga pertinaz de sus ojos azules, en el fondo de los cuales, paradójicamente, se adivinaba una extraña serenidad que contradecía la huida; su mirada, enigmática como los nombres a los que interrogaba.

Lo cierto es que a pesar de todo amanece y
los nombres brillan como estrellas limpias,
enigmáticos en su cercana lejanía.
¿Tienen carne y hueso los nombres?
Deja que te mire, si me caes bien
puede que pronuncie el tuyo y durmamos al fin,
yo, que ni nombre ni carne ni hueso ahora,
ahora que vuelo extrañado.

Y así extrañado, torció aquella esquina de la avenida de Portugal de Leganés, después de que su mirada me interrogara, o me buscara a través de la espesura de tanto silencio como todos tenemos acumulado y no sabemos decirnos, buscando un nombre imposible, las palabras que aquella tarde se nos resistían a los dos y que nunca podrían ya enlazarnos. No lo volví a ver. Me quedó de aquella mirada una abertura, me quedó un espacio semejante al roce entre dos palabras cuando ellas abren el silencio de un poema, éramos él y yo, y entre los dos, precisamente, el entre, la brecha, la abertura, eso algo habitable, a la vez que imposible. El encuentro con lo que jamás podrá encontrarse, si recordamos a Celan.  Fue dos meses antes de su muerte, a finales del 2008. Entonces sus amigos esperamos las palabras de aquellos pocos poemas que él, tiempo antes, había entregado a Andrés Mencía, impulsor y alma de aquel Colectivo Patrañas de Leganés, quien con tanto cariño se esforzó para publicarlos en la colección de poesía de Patrañas Ediciones. Del libro Sala para fumadores, dividido en tres partes quiero resaltar aquí la central que, bajo el título de Y lo que vino después, contiene un puñado de poemas que constituyen en realidad distintos acordes de un único poema. Su tema principal es la palabra y la incomunicación que esta acarrea, o lo contrario, la búsqueda de la comunicación a pesar de la palabra, algo que bien podría definir la tarea de todos aquellos que alguna vez se han adentrado sin remedio en las brumas de la poesía, de una determinada manera de entender el poema, aquella que tiende al silencio.

se hará el silencio, olvidado en horas, en días de ruido,
para al fin nombrarnos sin ellas: dentro.

“Si somos palabra, a mí que me arranquen la lengua”, proclama Nicolás con contundencia, consciente de la perversidad del lenguaje como vehículo de poder. Decir poder arrastra necesariamente hacia el otro lado, hacia el margen, si queremos mirar, y esa era precisamente la mirada que Nicolás era incapaz de evitar, la del dolor y el sufrimiento. Un dolor que nunca obtuvo de él la más mínima complacencia, porque rechazó cualquier “refugio en la teoría”, porque percibía la vida sin filtros protectores.

¿Hay algo que decir?
Me falta el aire pero fumo con ganas.
Vuelvo a casa.
De todo lo que ocurre, he vivido vuestra locura hoy,
la que desgarra.
Fuera juegan los muchachos sanos, felices. Nada.
No hay motivo para que gritéis,
¿qué importa que otros lo hagan?
Ellos son los que desean morir,
¿quién dijo que somos un destino de muerte?
Presente es el amor quebrado, roto.
Observo y siento vuestro grito silenciado,
a duras penas audible tras estas paredes viejas.
No hay motivo para llorar,
las historias tristes también me gustan.
Estamos juntos, ¿qué otra cosa se os ocurre?

De todo, esto fue el título que dio a este poema escrito en una clínica psiquiátrica. A los psiquiatras dedicó Nicolás demasiado tiempo y parece que ellos no supieron ni siquiera acompañarlo. Escribe Andrés Mencía en el postfacio: “No faltarán, sin embargo, quienes resuman la propuesta poética de Nicolás Valencia como los poemas de un esquizo. Dirán una gran verdad. Es más, difícilmente se puede escribir ya poesía lejos de la esquizofrenia que nos atormenta a la mayoría. Pero es una verdad inútil. De su Sala para fumadores, lo que merece la pena destacar es que en cada uno de sus poemas aletea el asombro, y que en ellos se abre paso una propuesta de otro mundo…” Estamos juntos,… quizá no hay mucho más que hacer o decir o sentir... si todo finalmente conduce al silencio, este podrá ser un silencio fecundo.

Así dicho, sin palabras o con tus ojos charlatanes,
lo que parecía cae en mi tierra y germina.
.
Ahora sé que lo otro no era nada, nada de nada, y
que es tan ancho como el mundo el hombre y
sin embargo todo es cercanía, o sea,
lo que conocemos en el principio.


Esta es la respuesta de Nicolás, desbrozada en poemas que aluden al innombrable territorio de lo que parecía… germina, lo que era, es… se trata de una especie de territorio perdido quién sabe en qué lugar de nuestro ser, en todo caso intuido como imposible.

Ahora lo sé, pero no quiero nombrarlo para ti,
sería el fin.
Instante en que te quiero y se escapa.

Silencio. Y fertilidad del silencio. Porque queda algo dentro, ahí, detrás del cristal de la mirada, brecha o abertura, y el que no quiere o no sabe mirar o aparta su mirada con miedo o cordura es el que realmente está comenzando a morir. Queda la fuerza de aquella mirada destilada en unos cuantos poemas, unos cuantos retazos de vida que con intensidad fijó, y queda la transparencia de sus ojos azules desmintiendo su huida, presentes aún cuando él ya había torcido la esquina en la avenida de Portugal, presentes aún hoy. “Entonces, eso será puro lenguaje”, dejó dicho en Eso, un poema impresionante en el que suplica: por favor, mírame…para cerrar mis ojos y que sean los tuyos los que amen, ahora no puedo.

Entonces, eso será puro lenguaje.

Entre una palabra y otra, en cada tú y cada otro, hay una distancia habitable y, a veces, el roce desgarra la abertura de un espacio destinado al aliento, como dejó escrito Celan.

Hondo
en la grieta de los tiempos,
junto
al hielo panal
espera, un cristal de aliento,
tu irrevocable
testimonio.

Sala para fumadores es cristal de aliento, espacio para la respiración, en este mundo de sanos y pulcros y cuerdos y sensatos, un irrevocable testimonio.

En el milagro de permanecer juntos
huyo por el albañal, que la asepsia, como
la democracia, siempre me suscitó dudas.


Nota: La edición de Sala para fumadores, Patrañas –Ediciones, Junio 2009, queda tan lejana y además se agotó enseguida, pero es posible descargar el libro en pdf en el siguiente enlace:



Enrique Pérez Arco, Septiembre 2009






Clarisse Nicoïdski, el poema sefardí, un lugar para las cosas más ciertas


El color del tiempo es un pequeño libro de poemas de 120 páginas, publicado por la editorial mexicana sextopiso. Como está dicho en la misma portada, el libro contiene los poemas completos de Clarisse Nicoïdski, (1938-1996) autora que vivió en Francia. Escribió novela, en frances, pero su producción poética, la de toda una vida, escrita en sefardí, fue muy escueta. Esto, por sí solo, haría ya sospechar un algo de verdad en sus poemas. Acercándome a los escasos ejemplos que circulan por la red, lo confirmo enseguida. Y entonces busco el libro, porque el libro y su voz, la textura del ladino, el sefardí, contiene la lengua y la traza de país que se llevaron consigo los judíos expulsados de España hace 500 años, porque el libro y un algo de resonancia secreta empezaron a tirar también de los hilos de mi cuerpo.
De pronto caigo en la cuenta de que mis últimas lecturas, las de estos dos meses, son todas de autores judios: Spinoza, Bergson, Mandelstam... y Meschonnic, que fue traductor de la Biblia y que realizó una apasionada labor de recuperación del ritmo original del hebreo. He ido dando saltos y enhebrando todos estos intereses sin tener conciencia del hilo que los unía, hasta hoy, al recuperar la voz sefardí de Clarisse Nicoïdski, al penetrar la dulzura de su íntima oscuridad.

Todos sabemos, pero vuelvo a contarlo. He abierto después de más de treinta años la breve historia de España de Pierre Vilar, que todavía conservo, y refresco su lectura, allí donde explica de qué manera la reconquista quebró la convivencia.
Cuando los Reyes Católicos suben al trono, hace ya siglo y medio que la influencia de los judíos en las altas esferas, y el trabajo más humilde de los artesanos y campesinos moros al servicio de los nobles cristianos, excitan la envidia de las clases populares de estirpe cristiana.”
El orgullo de origen, de limpieza de sangre, compensa en los vencedores de la reconquista, el temor de la superioridad material, demasiado sensible, del vencido.”

Me parece muy importante este enfoque, porque hay una tendencia que interpreta la historia bajo esa dualidad simple del poderoso frente al pueblo. Y todo es un poco más complejo. En este caso, el bajo clero, curas y frailes, cercanos al pueblo llano, aprovechando envidias de vecinos y mirando por su influencia, empujaron a las conversiones forzadas, en masa, y fueron el origen de movimientos populares violentos y matanzas, como las de los judíos en el Levante, en 1391.

Sobre esta base social quebrada, finalmente el poder termina decretando la expulsión de judíos y moriscos, y creando y sosteniendo durante varios siglos la inquisición, que tantos servicios de atroz limpieza estuvo ofreciendo, en este, y en otros terrenos.

Los judíos expulsados de España, los sefarditas, guardaron la oscuridad y su cruda nostalgia de un lugar para las cosas más pequeñas y ciertas del vivir, guardaron su origen en la lengua, en la intimidad de las palabras, en la voz baja, en la distancia corta de la confidencia, una lengua solo para decirse por dentro. Allí donde fueron, algunos guardaron, para el cuerpo, para casa, un tesoro casi intacto. Quinientos años después Clarisse Nicoïdski, con una textura de voz, tan semejante a la de entonces, recogiendo los hilos secretos del propio cuerpo escribe cosas como estas.

scrita
racha di la primer scrituria
palabra di una lingua pardida
aprovu intinderti
cuandu durmin lus ojus la cara la frenti
cuandu
no sos nada mas qui un barcu al fin di su viaje
nada mas qui una scrituria muda
…..
palabra de una lengua perdida
intento escucharte
cuando duermen los ojos la cara la frente
cuando
no eres más que un barco al final de su viaje
nada más que una escritura muda
…........
mi staré callada
adientru de mi
un candil inciendi gritus qui no savis sintir
mi arasgan
la sangri
y mi dexan in las manus tan quietas
esta ciniza quimandu
para destruyir
mi boca
…...
mus quidaremus aquí
aspirandu
aspirandu qui nada venga
qui nungunu mus topa
tumaremus il tiempu in un djaru
lu biviremos
si quidarán quietas
mi voz y la tuya
stamus solus
…...
ansia
cumiendo mi luz
biviendu mi soplo

mi arasgas
ni la curilada oscuridá
di mi pinser
di mi temblor

qui dizirás?
in tu boca
as palavras puedin ser piedras

i puedin ser palavras

qui dizirás?
…..
Ansia
comiendo mi luz
bebiendo mi soplo

me desgarras
en la colorada oscuridad
de mi pensar
de mi temblor

qué dirás?
en tu boca
las palabras pueden ser piedras

y pueden ser palabras

qué dirás?
…..
una mano tomó la otra
le dijo no te escondas
le dijo no te cierres
le dijo no te espantes

una mano tomó la otra
puso un anillo al dedo
puso un beso en la palma
y un puñado de amor

las dos manos se tomaron
levantaron una fuerza
para tirar paredes
para abrirse los caminos
.....
una manu tumo l´otra
li dixu di no scundersi
li dixu di no sararsi
li dixu di no spantarsi

una manu tumo l´otra
mitio un aniu al dedu
mitiu un bezu in la palma
i un puniadu di amor

la dos manus si tumarun
aliviantarun una fuarza
a cayersi las paredis
a avrirsi lus caminus

CUERPO


Despacio, en el despacio
de ir escribiendo-lo
como quien se roza, las manos,
el muro,
la aspereza de un instante más
cruzado,
lo crudo, el tronco y la espiga,
el cántaro a chorros,
el caerse del aire y el frescor
también,
lo que no se queda
hecho irse en el agua
y también en el pisar,
en el ir pisando eso húmedo
estremecidos,
lo que deja el día
hecho sol en las baldosas
y atardecidos, así,
a golpe de un poco más
despacio, borrándose las huellas
y escribiendo su roce
de apenas viento en las briznas
y en las telas de cada carne
o cuerpo. O más bien cuerpo.

(Hilos rotos)

VENGAN A NACER

Poner el peso en cada hueco de la canción, resuelta bajo el piano como quien viniera a llover una vez más. En la voz está el fruto, está en sombra resbaladiza por los soportales. Sólo hay caminar, pisadas solas y un borboteo débil junto a la iglesia, sólo lentitud caída a ratos, a ratos, sin más destino que la incertidumbre.
Vengan a nacer,
así, a esta canción. Nada queda más allá que esto. Parece tan bueno dejarlos ir a todos, a los nombres que poseen y acumulan las últimas noticias, a tantos hilos puestos en lo largo, en lo extenso de cerrarse.
Nada queda a no ser lo que de honestidad arrastra eso triste. Vengan a nacer a esta canción. Hay café frío y estaremos a gusto y sin dueño por las horas. Recojan en voz baja el susurro entre todos y algo de luz para luego, para cuando se ponga seria la madrugada.
(Hilos rotos)

EL MIRAR

Caminar sin conocer este tiempo y este lugar, ir sin el peso de un nombre, estar y ser como atravesando, dónde, quién filma este qué, la sensación discurre en la distancia, sin propiedad, no pertenece a nadie, se proyecta sin peso, sin necesidad de relato. Este es un buen día sin argumento, sin historias que fueron, sin relato, sin búsqueda, sin ansia de un adónde. Estar a este lado del mundo, siendo tan sólo el mirar... En el escenario, transcurre por momentos  sólo vaivén del pecho igual que aire en las ramas.

LA CURA


Atrás. La mano sobre el pecho donde a veces las otras acuden. Inicio el descenso de la memoria. Pues de descender se trata aunque, de acuerdo con la apreciación del tiempo sucesivo en el estado de vigilia, se lo llamaría retroceder. Sigo bajando hasta que me encuentre con algún obstáculo, algo que me impida pasar con soltura entre las imágenes. Ahí está. Me detengo. La mano. Atiendo. Y acude una sensación. Percibo el miedo. Hay fuego en la chimenea. La niña juega con los rescoldos. Los papeles arden, las cenizas revolotean y terminan posándose en su pelo como copos de nieve sucia. Ceniza delatora. No juegues con el fuego: una orden, la primera orden de un padre al que acaba de conocer. Una prohibición es suficiente para que se repare en el objeto prohibido: había fuego y se podía jugar con él. La confianza, tan reciente y endeble, puesta a prueba y, luego, la transgresión. La niña tiembla. Percibo el temblor. Entonces le hablo, le dicto los gestos. La guío hacia él, hacia el regazo nunca ofrecido, nunca deseado. Y son ellas, ahora, todas ellas, las que ponen su mano múltiple en el pecho del padre donde, inesperadamente, percibo algo insospechado: la razón o raíz de su retraimiento, de su tristeza, su íntima condena. Su soledad, también. La niña le abrazó. Por su mediación, yo le abracé. Su consuelo, ahora, es en mí, y de ambos su paz. Que los muertos descansen en paz significa que hemos de curarles, procurarles la paz con la cura.

Lo que hacemos aquí, se hace en otra parte. Lo que se hace ahora, se hace en otros tiempos.

…..

Somos más de una, somos muchas.
Y los tiempos de una existencia son reversibles.

Enviar a la que sabe hacia aquella que no sabe.
Hacerse compañía.

Chantal Maillard,
La mujer de pie.

SENTIDO

Cuando la vida parece un concepto más... Quizás recuperar modos del vivir, en el gesto o presencia alejándose de las palabras que buscan qué sujeción. No es decir silencio, acaso disonancia, balbuceo del lenguaje en los filos sin. No parece imposibilidad ni vacío, ningún hacia ni aún nada, parece dejar ir, caer sin dificultad en la pérdida, ay, si pueda, quién no ya, o soltar, y entremezclarse. Ningún significado que de tranquilidad, podría ser ritmo, relación como sentido. No habría nadie, estar algo borrándose en el gesto de estar cada vez.

Y ahora estos párrafos de Jean Luc Nancy:


Por otro lado, prefiero el “cuerpo”, porque “cuerpo” tiene algo de individualizante, de discontinuo, mientras que la carne es continua. Todas las cosas son cuerpos. Pero hay una cosa que no es cuerpo y sin la cual el cuerpo no es tal, y eso es la relación.

Ahora bien, si hay algo que me parece capital, es que toda nuestra moda de pensamiento descansa inevitablemente en una especie de primado de lo “uno”. Incluso cualquier temática de lo otro supone lo uno. Hubiera querido decir que primero está la relación. Esto significa, en el sentido casi cosmogónico, que es precisa una tensión para tener dos partículas. Ahí hay pues, una relación. Y esa relación no es una cosa. Los escolásticos lo vieron bien al calificar la relación como una forma débil de ser. Es ahí cuando el sentido se produce.

SOLTAR

Leo este párrafo en el útimo libro de Chantal Maillard, La mujer de pie:

"Un paraiso soñado es un hilo que se agarra. Creer nos impide soltarlo. La paz es sin imágenes. Descreed. Soltad los hilos, la querencia, el ansia. Abrid la boca. Soltad. Demasiado tiempo apretando los dientes."

Y entonces me atrevo a recordar este otro texto que tenía escrito yo hace algún tiempo:

Justo antes de la noche, sin acabarse la tarde, dentro de la imprecisión, absorto en la ambigüedad, en la falta de certeza, ausencia de bordes, ni día ni noche, solamente duda, cayendo penumbra como agua, duda por todo el cuerpo, cayendo el cuerpo en cada miembro, cada fibra borrándose hacia abajo, hecha sombra, derramada en este aire sin aire, sin suelo. Caer, sin hojas, solamente caer hacia dentro, desde dentro, soltar, solamente soltar en cada milímetro del cuerpo su diminuta garra, minuciosamente, con atención soltar el cuerpo, el miedo, cada pensamiento ya caerá después, qué perder, sin tarde, sin noche, sin certeza, sin bordes que pertenezcan a quién pertenecer. Sólo penumbra y duda, esta bendita duda, larga, extensa, de apenas existir, sin tarde, sin noche, sin necesidad, sin obligación, sin destino.

Henry Meschonnic: COMPASIÓN EN HEBREO


El filósofo y poeta francés Henry Meschonnic me mantiene deslumbrado desde primera hora con su indagación sobre la importancia del lenguaje y las diversas maneras de manejarlo. Una de estas maneras se puede llamar como realismo lógico, allí donde se considera que a las palabras corresponde una esencia. Piensen en humanidad, por ejemplo, y los distintos individuos que la forman serían entonces meros fragmentos de ese esencia.
Pero hay otra manera de acercarse. Él la llama nominalismo: las palabras sirven para nombrar cosas. Está primero lo que son los individuos, uno a uno, y la humanidad no sería más que una abstracción para decir un conjunto de individuos muy concretos.
Esto no es un mero juego teórico, tiene sus consecuencias éticas. “La esencialización es una masificación. Es etimologicamente el fascismo del pensamiento.”
Detalle revelador es el que cuenta Meschonnic sobre la masacre de los camboyanos por parte de los Khemers rojos: antes matar le sacaban a los individuos su documento de identidad. Así lo único que mataban eran fragmentos del Enemigo en nombre de la Revolución.
Sólo hay que aguzar el oído y de pronto las grandes palabras revelan intenciones escondidas. Por ejemplo: ¿existe eso de la Democracia y el Progreso con mayúsculas que llena tantos discursos del poder? ¿No será más bien que solo existen maneras muy concretas de hacer democracia y de progresar realmente con adecuada dirección?
Pero yo vengo a decir esto aquí solamente por la hermosura de una palabra hebrea que aporta Meschonnic, traductor de la Biblia, buscador de un ritmo escondido en los textos bíblicos, y que las traducciones oficiales desde siempre han escamoteado, un ritmo que conecta con lo sagrado cósmico.
Habla este autor de la formación de abstractos, y nombra ejemplos como la vida. La vida es haim en hebreo, plural de hai, vivo. Lo que muestra esta palabra, vida, es que primero son los vivos, uno a uno.
Otro ejemplo especialmente hermoso es la palabra rahamin, misericordia o compasión, que es plural de rehem, que significa útero o matriz. De esta forma, el plural de matriz designa en hebreo los sentimientos de una madre por lo que salió de su vientre. Y así cuando alguien tradujo una frase de los Salmos que dice: “no cierres tus matrices”, traduce Meschonnic: “no me cerrarás la ternura de tu vientre.” Tu compasión.
La importancia del lenguaje, de entenderlo adecuadamente.
Claro que estaba dicho en un sutra hace tanto tiempo algo que es el fondo y la raíz irrebatible de todo esto, pero no corresponde a este escrito ni a quien lo escribe entrar en ello: “...todas las mentes no son mentes, se llaman mentes”, o en otro sutra, aquello de mantenerse “...lejos del dominio de las palabras.”

Otra vez Mahmud Darwish

Cruzó, entre la noche y las encinas, la distancia abierta en las manos. Luego borró una a una todas las direcciones que proveen de seguridad los bordes. Lo estuve mirando caer en el silencio de algunos versos. Esta mañana eran otra vez, insistentemente, de Mahmud Darwish.

“Tememos por un sueño: no creas demasiado a nuestras mariposas.
Cree, si quieres, en nuestras ofrendas. Cree a la brújula de los caballos y nuestra necesidad del Norte.
Hemos elevado hacia ti los picos de nuestras almas. Danos, oh sueño, el grano de trigo. Dáselo, dánoslo.
Hemos elevado hacia ti las playas desde que hemos venido a la tierra de una idea o del adulterio de dos olas
sobre una roca en la arena.
Pero no hay nada, nada. Flotamos sobre un pie de aire... un aire que se ha quebrado en nosotros.
Sabemos que reniegas de nosotros, que construyes para nosotros cárceles que llaman paraísos de naranjos,
y soñamos, oh sueños anhelados, y robamos nuestros días de su revelación en el pasado de nuestros mitos.
Tememos por ti y te tememos. Nos hemos mostrado juntos. No confíes en la paciencia de nuestras mujeres.
Tejerán dos vestidos, luego venderán los huesos del amado para comprar a nuestros hijos un vaso de leche.
Tememos por el sueño Le tememos y nos tememos. Y soñamos, oh sueño nuestro. No creas demasiado en nuestras mariposas.”

Mahmud Darwish, Menos rosas

LA CARCAJADA



El exilio no es un viaje de ida y vuelta, ni residir en la nostalgia. Quizá sea una visita, esperar a ver qué hace el tiempo con uno, salir de uno mismo hacia los demás para conocerse y congeniar, o para que lo propio se encierre en su caparazón.

El exilio es un ejercicio de reflexión sobre lo que no tienes, estupor por no tenerlo.
El exilio educa el cuerpo. Te fascina la belleza de la forma, aunque su significado sea parcial: la perfección es ser consciente de la imperfección.
….
Nada supera a la belleza. Pero tú, que en el fondo eres un campesino, estás de parte de los árboles que se reflejan en el río, estas de parte de las palomas, y te demoras largo rato junto a un lirio que crece, solitario, fuera de la maceta... no porque sea, como tú, una especie rara, sino porque se apoya en sí mismo para crecer desvalido.
….
El exilio es el viaje del poeta en el poema, un viaje dentro del viaje, pero el lenguaje metafórico siempre vuelve la vista atrás.
….
Volver... ¿adónde? Te preguntas mientras cuelgas cuadros en las paredes de tu nueva dirección. Ir... ¿adónde? Lo que tienes por delante es provisional. Lo que dejas detrás, transido de provisionalidad, está disperso. La eternidad que sube con la luz desde el jardín estalla en una carcajada. Le tomas el pelo diciéndole: también tú eres una exiliada.



Mahmud Darwish. En presencia de la ausencia.

Trad. Luz Gómez García. Valencia, Pre-textos, 2011


 

EL CANTAR DE LOS CANTARES




Coger al azar un libro de la estantería, ah, Mahmud Darwix, ¡cuánto tiempo! amarrarlo bajo el brazo, se siente en los dedos ateridos la nieve próxima, tomar café en el único bar del pueblo, en los dedos el calor de la taza, leer un solo poema, en los dedos el bendito calor... de un solo poema. Abandonar el bar, coger rumbo al aire frío de los sembrados en esta última hora de la tarde, llevar la nieve y la luz pegada a los dedos, la nieve y la luz de un solo poema, querer susurrar al oído de cada uno, ¿estáis ahí? decidme,  decid siempre a alguien. Querer apartar las telas de la tristeza, estos hilos de un tiempo derrotado y hundido en su herida, ese miedo cansado de los huesos, esa incertidumbre, querer susurrar al oído con tanta insistencia que parece que pudiera gritaros, aquí al oído, veis, veis aquí la nieve y la luz de este pequeño poema nacido, dónde nacido, qué fríos, qué dedos fríos en mitad de julio….
componed, componed siempre al final de una tarde cualquiera, una y otra vez, id a un rincón cualquiera de la noche, y componed, no dejéis de componer un Cantar de los Cantares…

….jazmín en las noches de julio, una canción

para dos extraños que se ven en una calle

que ya no lleva a ninguna parte…

Él: ¿Quién soy si ya he sido dos ojos almendrados?

Ella: ¿Quién soy si ya he sido tu exilio?

Bien, no removamos

la sal de antiguos mares en un cuerpo capaz de recordar…

Su cuerpo cálido lo confortaba,

y su cuerpo cálido la confortaba.

En desorden, dejan su amor

los amantes extraños, como ropa interior

entre flores de trapo…

_- Si en verdad eres mi amado, compón para mí

un Cantar de los Cantares, y graba mi nombre

en un granado de los jardines de Babilonia…

-Si en verdad me amas, pon

mi sueño en mis manos. Y dile a él, al hijo de María:

¿cómo nos hiciste lo que a ti?

Señor, ¿nos quedará justicia

para ser justos mañana?

-Mañana ¿cómo sanaré del jazmín?

-Mañana ¿cómo sanaré del jazmín?

Se apagan juntos entre las sombras que se borran

en el techo de la habitación: No te apagues

si ya has sido mis senos –le dice ella…

-Tus senos son una noche que alumbra lo esencial,

tus senos son una noche que me cubre de besos: al lugar y a mí

nos colma una noche que rebosa de la copa…

Ella se ríe de sus metáforas. Ríe y ríe

mientras oculta en su mano el declive de la noche…

-Mi amor, si pudiera

ser un chico… sería tú.

-Como yo de ser una muchacha

sería tú….

Mahmud Darwix, El Fénix Mortal

EL NO SABER CARGADO DE COMPASIÓN, Chantal Maillard





“Pasar entre las formas como un animal entre la hierba, quedando tan solo la fragancia en su pelaje. Una fragancia es un ritmo, un color, una vibración en curso. Por lo que a mí respecta, aspiro a ser humilde aprendiz de ese animal. Llegar al poema como quien vuelve de caminar por el monte con la chaqueta mojada, y la pone al fuego y humea, y aspira ese humo. ¿Qué palabras serían ésas?"
(El no saber cargado de compasión. Entrevista de L. Giordani, A. Borra y V. Gómez, Fundación Inquietudes, 2010).



"Cuando entreví el charquito de agua, supe que aquella nostalgia no se refería a la infancia ni a ningún momento de ella en particular, sino que era la de un gozo profundo ajeno a la conciencia temporal. No sabría, hasta mucho después, que aquel estado de gozo era el de la propia vida, que venía dado con ella, y que si lo perdemos –cosa que suele ocurrir con aquello que llamamos “edad de la razón”- es por efecto de la reflexión….
…cuando el niño dice yo, se ha enajenado en su reflejo, en su doble, y aquel ser primero que no se sabía, ha quedado asombrado, reducido a una sombra. Y el gozo, junto con todo lo que ocupaba esa plenitud, es relegado al lugar del olvido o del misterio, lo que ya no se sabe y no puede saberse porque ahí aún no había palabra". (Bélgica)