7 feb. 2010

El insecto hundido junto al corazón

Acercándose al hueco
con el mismo temblor que las briznas
en esta sierra de Lóquiz,
bajo la algarabía de la luz en el castaño
ha cruzado la mejilla con patas endebles
y pequeñas pisadas sobre los terrones,
con la lentitud de un corazón
cansado y feliz.
Ahora sólo respira y es suficiente,
mientras la sombra que olvida la luz
a sus espaldas
saborea con su mano un cuerpo
con todos sus árboles, sus piedras,
su extensión reseca que castigó el sol
y esos rincones
junto a los muslos, entre los helechos,
donde nace el agua.
Acercándose al hueco, llega
hasta el temblor de los labios
y siente el aire que surge
desde la profundidad.
Hacia dentro, por el hueco va
ya el caminante,
guiándose sólo por el latido.