7 feb. 2010

Final

La mañana sucede entre las agujas del trino
sólo un instante. La luz sopla en la mejilla
y luego resbala por su curva de tierra
cerrando el párpado.

Ha sido la mirada fugaz que regresa hacia dentro.
Por la ribera permanece la frialdad del otoño
en los álamos encendidos, la línea de fuego, el río
inmóvil del pensamiento a merced del aire,
sus hojas débiles, su derrota.

El camino despliega un rastro de labios
seco, abandonado en la sombra.
Y por ahí avanzas hacia donde el paisaje se desvanece
oscurecido por la serenidad, su vacío.