16 abr. 2010

El monje desnudo, Taneda Santoka


El tiempo de la espera culmina en una floración de la pobreza, porque toda esperanza obliga a la memoria a desprenderse de lo que había soñado.

Desde el frondoso árbol de quien se cree dueño de su vida, van cayendo las hojas, una a una, hasta que lo que ha sido encuentra en lo profundo de su nada el fruto irreconocible de lo que es.

Incluso el lenguaje se queda sin motivos para significar. Y el poema, construida la ruina del olvido, sospecha la identidad del sin sentido en la palabra del ser.

...

La sensación de que algo falta...
Caen las hojas.

...


Caen las hojas...
Desde ahora, el agua
se vuelve más sabrosa.


...

La recojo y la alzo hacia la luna.
La luminosidad del agua


...


Con viento de otoño
recojo una piedra


...

Es éste un haiku perfecto. Con una sencillez imposible de parangonar, Santoka nos remite al gesto desnudo de intención. Se nos antojaría preguntarnos para qué recogería esa piedra. Tampoco nos ayuda no saber qué tipo de piedra era. La pregunta del "para qué" debe ser desechada de una vez por todas.



Extractos de El monje desnudo, 100 haikus. Miraguano ediciones, 2006.

Con textos de José M. Martín Portales y comentarios de los traductores.