23 abr. 2014

De Clarice Lispector, Agua viva

Voy a hablar de lo que se llama la experiencia. Es la experiencia de pedir socorro y que el socorro nos sea dado. Tal vez valga la pena haber nacido para implorar un día calladamente y calladamente recibir. Yo pedí socorro y no me fue negado. Me sentí entonces como si fuese un tigre con una flecha mortal clavada en la carne que estuviese rondando lentamente a las personas temerosas para descubrir quién tendría el valor de acercarse y quitarle el dolor. Y entonces hay alguien que sabe que un tigre herido es tan peligroso como un niño. Y acercándose a la fiera, sin miedo a tocarla, arranca la flecha clavada.
¿Y el tigre? No se puede dar las gracias. Entonces doy un par de vueltas lentas frente a la persona y dudo. Me lamo una de las patas y después, como no es la palabra lo que entonces tiene importancia, me aparto silenciosamente.


Clarice Lispector,
Agua viva,
Siruela, 2012