29 nov. 2014

LLUEVE

Benditamente llueve, en el camino, en las ramas desnudas, en la voz. Hay mil gotas suspendidas en la maraña del escaramujo. ¿Qué tiembla? Hay mil palabras sin decir. ¿Hay querer decir acaso? Camino, es el paso cada gota. No hay mucho más que cada paso, suspendido en su pequeño asombro, en su ínfimo instante, en su cresta,  de ola, de aire, de gota en cada paso, suspendida en cada temblor, de no caer aún,  de un instante sin caer aún. Así, camino un poco así, hoy, ahora que sólo queda respiración, hecho gota, hecho instante de mil. 
Podría ser así. Mil fragmentos sucediendo en cada instante. La hoja verde aún, la espina con su gota, no guardar palabras, el fruto comenzando a ser viejo, cada guijarro en su pisada, cada pájaro, el riacho, el sonido,
¿dónde el agua y su sabor? dejarlo ir, todo el sabor,
¡campanas! ¡y la iglesia junto al mediodía! con sus voces, que imagino,  ¿a qué vienes, pensamiento?
y un saludo limpio, reciente, con olor a plancha aún, que es como extenderse, eso limpio, a qué vienes, ahí adentro hacia fuera, viejo aroma, algo extraño que no es nadie ni yo, pero podría ser así, cada cosa siendo por su lado,  ella misma, en su único instante, en sus mil. Y yo dejarlos ir,
¿y yo?
¿Quién me va a encontrar entre mil fragmentos percibidos? Mera atención posada de gota en gota, muy ligera atención apenas pisando de pájaro. ¿Qué vas a encontrar? Este viejo aroma de plancha, ¿tampoco? tan poco, un fragmento más, deshecho uno, el uno así, hecho calor, si pudiera ser, dónde, en qué hogar perdido, entre todos perdido.
No guardar palabras, muy pequeños en cada asombro, casi nada, casi gota, casi calor.

(Con respetuosa dedicación para Thich Nhat Hanh)