14 ene. 2019

Los filtros de Instagram


Uno lleva mucho tiempo haciendo fotos. Eran pocas, cuando había que revelar, y son excesivas, en este otro entorno digital. Pero casi nunca lo que se veía ahí fuera llegaba luego al papel, o a la pantalla. Se que he tardado bastante en toquetear el mundo de los filtros, y sé que seré torpe en esto siempre, pero a cada cual le va llegando su humilde momento Instagram.

Y oye, que de pronto, aquello que nunca llegaba al papel o a la pantalla, empieza, al menos empieza a asomar en las pantallas por obra y gracia de los maravillosos filtros, y no me extraña que los emprendedores avispados hayan colocado ya columnas en los centros comerciales para imprimir las fotos de Instagram en el antiguo papel.

El significado de la palabra filtro es luminosamente revelador de lo que quiero expresar en esta entrada. Filtro es una materia porosa por la que se hace pasar un líquido, normalmente para quitarle impurezas. Instagram filtra las impurezas de la mirada cotidiana. Eso he querido ver yo.

Es frecuente que el objetivo de nuestra cámara actúe de una manera desoladoramente literal y ordinaria, y no muestre aquel enfoque mágico que de pronto tuvimos durante un breve instante. Ocurrió que ese instante especial, inmediatamente anterior a la captura, tocó algo sutil bajo del velo de lo cotidiano. En la mirada brilló durante unos segundos un encuadre desvelado, limpio, sin impurezas, una especie de alma del momento, que supo escuchar el ritmo. Digamos, que supo percibir el baile entre la luz y la sombra. Pero finalmente la pantalla casi siempre terminaba por devolvernos una mirada rutinaria y sin alma.

Vengo a decir algo extraño y excesivo, pero quizás se me entienda: la pasión por los filtros de Instagram nos está mostrando la añoranza, nuestra escondida añoranza de una mirada limpia, que sepa tocar lo que podría ser el alma que habita debajo de las cosas. Lo que podría ser el alma que habita debajo de las cosas, pero no lo es.

Es un grato ejercicio aplicarse en esas capturas afortunadas. Nos gusta tocar ahí, en la transparencia, en el ritmo, en el juego de la luz. Y no gusta porque esa transparencia, ese ritmo, ese juego de la luz, en último término, no pertenecen al exterior, a las cosas. Forman parte de nuestro propio interior. Os parecerá extraño. Pero el alma de las cosas es nuestra propia alma, nuestra propia capacidad de mirar y de percibir el ritmo del mundo.

Instagram es un pequeño toque de atención. Por lo general, vamos siempre arrastrados por el hilo de la realidad exterior, y sus fastuosas llamadas. Suele haber un tenso afán por capturar tal imagen,  o  tal experiencia u objeto. Esa tensión hacia la captura vela y obstruye la espaciosidad y transparencia de nuestro interior y pone cierto grano duro en la mirada. ¡¡¡Oh, si fuese tan fácil depurar esa impureza de la mirada, tan fácil como aplicar un filtro de Instagram!!!

Sin embargo, el toque de atención esta ahí... hay que tocarlo como al descuido... se trata de una especie de guiño que nos hace Instagram en cada foto. Como si nos estuviera diciendo... esto limpio que te ofrezco, esto en el fondo eres tu, viene de ti. Míralo hacia dentro. Estuvo en ti antes que yo te lo mostrara. Ese toque de atención nos sirve para tomar consciencia de la posibilidad de invertir por momentos la dirección del hilo que nos arrastra hacia eso de afuera. Se trata de un parsimonioso entrenamiento... Se trata de una ocasión para el reposo. Reposar en la espaciosa transparencia del interior. Como en la superficie calma de un espejo, cuando la realidad va cayendo dentro del él, o va cayendo dentro de ti, a través de ti.

Decirles, ya para acabar, que “filtro” viene de “fieltro”, y fieltro era una especie de lana que se golpeaba para depurar líquidos. Recordarles, ya no más,  que  lana de la voz quiere ser para mí otra forma de depurar la realidad y reposar en su transparencia.

8 ene. 2019

Lana de voz, recitado




13 jul. 2018

Encuentro

Quien habla así a medio nacer
cruzó la noche arada y su tierra.
Quien llega y florece
asomado sobre el alero
de la casa amarilla.
Quien se dice y va en la piel a tientas.
Pisadas o espigas de cereal nuevo.
Nada que traer a este encuentro.
Abiertas las manos
vacías
de forma que haya sitio y lugar.